viernes, 9 de marzo de 2012

LOS VASOS DE DIOS



              En los tiempos anteriores a la venida del Señor Jesucristo el servicio a Dios se realizaba mayormente en el contexto de los oficios y actividades que se desarrollaban en el tabernáculo y, más tarde, en el templo. El ceremonial era realizado por personas especialmente dedicadas para ello, todos descendientes de Aarón, y más específicamente, de su hijo Eleazar;  ellos constituían el sacerdocio de Israel. Dios ordenó que para la realización de los distintos rituales (ofrendas, sacrificios, actos de adoración, etc.) se fabricaran distintos utensilios, algunos en bronce, otros de plata y otros de oro; todos tenían algo en común: eran utensilios dedicados de forma exclusiva para el servicio en la casa de Dios. Aunque la mayoría de estos utensilios eran metálicos: platos, cucharas, cubiertos, tazones, calderos, tenazas, garfios y palas, también habían algunos pocos que eran de barro, y se usaban, por ejemplo, en la purificación de aquellos que habían sido leprosos. En la realización de los ceremoniales sagrados habían vasos destinados a variados fines: algunos habrían de contener agua de manantial; otros, la sangre de los sacrificios efectuados; otros, aceite o ungüentos; otros, solo cenizas; otros, inciensos aromáticos y perfumes en especies. Creo que de todos ellos se podría decir que eran “los vasos de Dios”, puesto que todos habían sido preparados y consagrados para su exclusivo servicio.

            Algunos milagros bien particulares tuvieron su expresión en humildes y sencillas vasijas de barro, como el sostenimiento de Elías y la viuda de Sarepta de Sidón (1 Reyes 17:8-16); o la salvación de aquella viuda a quien querían quitar sus hijos en tiempos de Eliseo y vivió el milagro de la multiplicación del aceite en un grupo de vasijas de barro que había prestado por instrucción del profeta (2 Reyes 4:1-7).
         
              Presenciando la fabricación de una vasija de barro, el profeta Jeremías habría de recibir, la que personalmente considero, es una de las ilustraciones más hermosas del Antiguo Testamento sobre el trato de Dios y su pueblo (Jeremías 18:1-6). 

            Pienso que algo de estas imágenes estaba presente en el pensamiento del apóstol Pablo cuando se refirió a los creyentes como “vasos de barro” y “vasos de misericordia”.

Leamos por ejemplo los siguientes textos:

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia  del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Corintios 4:7)

            El apóstol afirma que los creyentes tenemos una valiosísima riqueza dentro de nosotros, aunque no somos más que simples y vulnerables vasos de barro. Y esto es así para que se reconozca y se haga notorio que lo realizado está más allá de nuestras posibilidades y solo ha sido posible por el actuar de Dios (la palabra “excelencia” en este verso viene del griego Juperbolé,y significa  lanzar más allá que los demás para establecer una nueva marca”).

            El contexto donde el apóstol Pablo se refiere a los creyentes con la designación de “vasos de misericordia” es de lo más solemne y enfático. Si Dios es el Creador ¿tiene el hombre derecho de reclamar algo ante él?:

¿Quién eres tú, para que alterques con Dios?¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿por qué me has hecho así?¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra  y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria…?”   
(Romanos 9:20-23)

            “Vasos de ira preparados para destrucción” soportados con mucha paciencia por parte de Dios. Hechos de la misma masa que nosotros, solo que para deshonra y para que por medio de ellos se muestre la ira de Dios y se haga notorio su poder. ¿Fueron creados para deshonra eterna? ¿Vinieron a la existencia para ser objetos de la ira de Dios? ¿Fueron preparados de antemano para destrucción? Ningún mortal puede adentrarse en tan profundas aguas, pero quiero invitarle a que consideremos la contraparte:

Dios hizo vasos para honra; preparó de antemano vasos de misericordia en los cuales hacer notorias las riquezas de su gloria. Decidió mostrar esas riquezas de su gloria estableciendo un marcado y eterno contraste entre los vasos suyos y los otros, entre los que amó teniendo de ellos misericordia y aquellos que tuvo que soportar con mucha paciencia. ¿Producirá esto algún tipo de impacto en nuestra vida? ¿Demostraremos la suficiente gratitud? ¿Seguiremos pensando acaso que la vida cristiana se trata de nuestra felicidad? ¿Podremos comenzar a ver que la vida cristiana se trata de la gloria de Dios y no de la nuestra? ¿Que se trata del cumplimiento de los propósitos de Dios antes que los nuestros? ¿Hemos logrado comprender que hemos sido hechos vasos de misericordia para que manifestemos su gloria?
           
            Hay un pasaje más que debemos considerar en esta oportunidad en relación con este tema:

Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra
(2 Timoteo 2:20-21)

            Lo podemos leer también de la siguiente forma sin hacer violencia alguna al texto bíblico:

Pero en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos especiales, y otros para usos comunes. Si alguno se limpia, será un vaso especial, santificado, útil al Señor, preparado para toda buena obra”

            “Unos son para usos honrosos y otros para usos viles”. Pablo no intenta establecer aquí la diferencia entre lo bueno y lo malo, entre lo justo e injusto. Solo señala que algunos vasos son utilizados para usos muy especiales mientras que otros se utilizan en actividades más corrientes o comunes. Luego, abrupta e inmediatamente salta de la figura a la realidad, de la ilustración a lo concreto.

            “Así que, si alguno se limpia…”. Me ha llamado la atención el que la palabra que usa el apóstol aquí para limpiar denota una acción que consiste en “sacar hacia afuera”. Somos los vasos de Dios, los vasos de misericordia, los vasos para honra, los vasos que han de servir para que se hagan notorias las riquezas de la gloria de Dios, pero, tenemos que limpiarnos para poder ser útiles al Señor, y para que nuestras vidas estén a tono para lo que Dios quiera realizar a través de nosotros (Es lo que denota la expresión “dispuesto para toda buena obra”). Limpiar el vaso es sacar fuera lo que contamina su interior. Algunos de nosotros tendremos que sacar de nuestras vidas resentimientos, amargura y falta de perdón; otros tendrán que sacar fuera de sus vidas pecados y vicios morales tales como la codicia, la deshonestidad, o la impureza sexual; otros tienen que sacar de sus vidas ese deseo de estar en la onda de este mundo, esa frialdad y falta de compromiso personal para con la causa del reino de los cielos; sea lo que sea aquello que decidamos sacar fuera de nuestras vidas, al hacerlo vendremos a ser un vaso limpio en las manos del Señor, y esto se traducirá en una vida más cerca del ideal de Dios para nosotros y en una mayor comprensión de su propósito y  voluntad para nuestras vidas.



“Si alguno se limpia, será un vaso especial, santificado, útil al Señor, preparado para toda buena obra”

            Que el Señor encuentre en cada uno de nosotros un vaso limpio, dispuesto, y deseoso de ser usado por su bendita mano.

            En el amor de Jesucristo, Antonio Vicuña.   
   

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2 comentarios:

  1. QUIERO SER UN VASO DE HONRA EN LA MANO DE MI AMADO JESUS AMEN

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  2. Me encanto! Sali de dudas y Dios me hablo por medio de este ��������

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