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sábado, 27 de julio de 2013

QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LAS INJUSTICIAS SOCIALES


     Es posible que no pocas personas piensen que la Biblia por ser un “libro religioso” dice poco sobre los problemas de tipo social, pero la verdad es que el tema abunda en sus páginas. Lo social es humano a la vez que expresión de cualidad espiritual, y aunque tenemos cierta tendencia a separar lo religioso de lo social, lo santo de lo cotidiano, lo espiritual de lo práctico, sin embargo la Biblia no hace tal distinción, sino que, al presentar su mensaje considera la totalidad de la personalidad humana, sin limitarse a ofrecer algunas pocas sugerencias de tipo “espiritual”, y decididamente se adentra en el entramado humano y social, ya sea para describir la condición existente, denunciar, protestar o incluso amenazar y advertir sobre las consecuencias que las injusticias generan sobre las vidas de aquellos que las practican, toleran y consienten. Es tan evidente este aspecto “protestatario” de la Escritura en contra de las injusticias sociales que ignorarlo nos dejaría con una imagen incompleta de la realidad del mensaje bíblico, el cual tiene aspectos muy puntuales y relevantes que presentar a los distintos actores de la sociedad: familia, trabajadores, empleadores, comerciantes, Estado, etc. 
     
     “Toda injusticia es pecado” declara la Biblia (1Juan 5:17). Las injusticias de tipo social son en esencia pecados, aunque no luzcan como asuntos de tipo religioso. Conocemos por el decálogo que matar es pecado, por ejemplo; pero alterar la balanza perjudicando a los compradores, también es pecado, y aunque el comerciar limpiamente es necesario para el funcionamiento armónico de nuestras sociedades, cuando el objetivo principal de la actividad económica consiste en favorecer a unos pocos en detrimento de la gran mayoría, aquella se ha convertido en una actividad pecaminosa y aborrecible ante los ojos de Dios. De igual manera, la administración de justicia es indispensable para el sostén y permanencia de toda sociedad mínimamente organizada, y aunque es necesario que en esa administración de justicia se castigue el mal proceder así como que se dicten sentencias acordes y proporcionales a los males cometidos (y aún es potestad de quienes dictan sentencia absolver o condenar a quienes juzgan), no se debe, bajo ningún argumento, violentar la esencia misma de la justicia declarando inocentes a quienes son culpables, o haciendo culpables a quienes son inocentes; no hay investidura jurídica que otorgue tal potestad a los hombres; eso es pervertir el sentido de lo recto y lo justo, y es hacer de la justicia un pretexto legal para hacer uso del poder a conveniencia. En orden similar de ideas, la Biblia llama a reconocer a las autoridades civiles y demanda a los ciudadanos manifestar respeto y sujeción a ellas; no obstante, bajo ningún aspecto la Biblia avala la opresión, sino que, al contrario, establece con meridiana claridad que la opresión ha de ser juzgada y castigada de forma insoslayable por Dios, quien permite que los gobernantes asuman un lugar de influencia para bien de los pueblos y no para su engrandecimiento y disfrute personal. 

     El tema de las injusticias sociales es tan amplio en las Escrituras como en la vida misma de los pueblos, pero ha de ser consuelo y bandera de lucha el que el Dios Eterno, creador de todo orden y promotor de la justicia en todos los niveles y relaciones, las repudie y condene:

“¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa y bolsa de pesas engañosas?” (Miqueas 6:11). 

“Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo…los que por soborno absuelven al culpable, y le niegan sus derechos al indefenso” (Isaías 5:20, 23). 

“Sométase toda persona a las autoridades superiores, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto” (Romanos 13:1). 

“Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos…Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 5:8; 12:14).

     En un mundo donde abunda la injusticia social, tu y yo podemos tratar de hacer algún tipo de diferencia; eso será agradable ante los ojos de Aquel a quien debemos todas las cosas, y quien además nos ha pedido que seamos compasivos, así como él también lo es.

     Antonio Vicuña.
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