“Toda injusticia es pecado” declara la Biblia (1Juan 5:17). Las injusticias de tipo social son en esencia pecados, aunque no luzcan como asuntos de tipo religioso. Conocemos por el decálogo que matar es pecado, por ejemplo; pero alterar la balanza perjudicando a los compradores, también es pecado, y aunque el comerciar limpiamente es necesario para el funcionamiento armónico de nuestras sociedades, cuando el objetivo principal de la actividad económica consiste en favorecer a unos pocos en detrimento de la gran mayoría, aquella se ha convertido en una actividad pecaminosa y aborrecible ante los ojos de Dios. De igual manera, la administración de justicia es indispensable para el sostén y permanencia de toda sociedad mínimamente organizada, y aunque es necesario que en esa administración de justicia se castigue el mal proceder así como que se dicten sentencias acordes y proporcionales a los males cometidos (y aún es potestad de quienes dictan sentencia absolver o condenar a quienes juzgan), no se debe, bajo ningún argumento, violentar la esencia misma de la justicia declarando inocentes a quienes son culpables, o haciendo culpables a quienes son inocentes; no hay investidura jurídica que otorgue tal potestad a los hombres; eso es pervertir el sentido de lo recto y lo justo, y es hacer de la justicia un pretexto legal para hacer uso del poder a conveniencia. En orden similar de ideas, la Biblia llama a reconocer a las autoridades civiles y demanda a los ciudadanos manifestar respeto y sujeción a ellas; no obstante, bajo ningún aspecto la Biblia avala la opresión, sino que, al contrario, establece con meridiana claridad que la opresión ha de ser juzgada y castigada de forma insoslayable por Dios, quien permite que los gobernantes asuman un lugar de influencia para bien de los pueblos y no para su engrandecimiento y disfrute personal.
El tema de las injusticias sociales es tan amplio en las Escrituras como en la vida misma de los pueblos, pero ha de ser consuelo y bandera de lucha el que el Dios Eterno, creador de todo orden y promotor de la justicia en todos los niveles y relaciones, las repudie y condene:
“¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa y bolsa de pesas engañosas?” (Miqueas 6:11).
“Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo…los que por soborno absuelven al culpable, y le niegan sus derechos al indefenso” (Isaías 5:20, 23).
“Sométase toda persona a las autoridades superiores, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto” (Romanos 13:1).
“Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos…Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 5:8; 12:14).
En un mundo donde abunda la injusticia social, tu y yo podemos tratar de hacer algún tipo de diferencia; eso será agradable ante los ojos de Aquel a quien debemos todas las cosas, y quien además nos ha pedido que seamos compasivos, así como él también lo es.
Antonio Vicuña.
