(Basado en Juan 4)
Una muy singular conversación entre Jesús y una mujer tuvo lugar en una localidad de Samaria llamada Sicar. El lugar donde se desarrolló aquella conversación tiene cierta relevancia debido a que estaba cerca de una parcela que Jacob había comprado cuando salió con su familia de casa de su suegro y comenzó a establecerse en la tierra de la promesa; allí había edificado un altar al Señor, y posteriormente cavó un pozo de aguas. Varios siglos más tarde, en ese mismo pozo, tendría lugar el encuentro que hoy nos ocupa.
El evangelista nos dice que Jesús, fatigado del camino, llegó a sentarse junto al pozo de Jacob mientras sus discípulos se dirigían a la ciudad en busca de comida (vs.6,8). Esa era una parada temporal en su caminata hacia la región de Galilea. Aunque con frecuencia se afirma que el encuentro tuvo lugar cerca del medio día, es bastante probable que en realidad haya tenido lugar cerca de las 6 de la tarde, hora en que generalmente se acostumbraba a ir en busca de agua (la hora sexta mencionada por el evangelista haría referencia a la manera romana de dividir el día, y no a la judía en este caso).
Este es uno de esos maravillosos y sencillos pasajes que nos muestran al Señor Jesucristo en su genuina humanidad: he aquí un Jesús cansado, fatigado, probablemente acalorado y aún sediento, que prefiere quedarse descansando mientras sus acompañantes van hasta la ciudad en busca de las provisiones necesarias.
